Me desperté asustado con la mano derecha en mi pecho tratando de controlar mi agitación. Mi cabeza palpitaba y me dolía y mi respiración era más rápida que si hubiera recorrido el pacífico nadando con una carta en mi boca. Todo mi cuerpo estaba temblando de frío pero el sudor estaba chorreando por todos mis poros y había empapado mi polo de dormir. No había ninguna colcha sobre la cama porque, suponía, la había pateado entre sueños.
Mi temor se demoró un poco en calmarse, pero hasta que pude por fin levantarme lentamente de mi cama para levantar todo lo que había tirado al piso pasó mucho más de diez minutos.
Fue ya cuando estaba más tranquilo y volvía a acostarme para intentar dormir cuando comencé a recapacitar en lo que había pasado, pero es que el sueño que tuve esa noche había sido tan real que yo me sentía sufrir con cada acontecimiento que miraba y cada lágrima que no podía secar era un martirio para mi pobre corazón.
Pero lo que pasó al final de mi sueño fue realmente espeluznante, algo que ni el mismo dios podría haber previsto y mucho menos detenido, porque desde dentro de la tierra salieron cientos y cientos de gente que creía no estaba viva, pero que, al final, renacían de sus restos y se unían con seres superiores para volverse parte de ellos.
La escena se volvía cada vez más intensa porque la luz era naranja pero pronto sería tan fuerte que cegaba y quemaba cada parte de mi ser, y ese calor no podría detenerse nunca…
En ese momento desperté sudando de miedo y agitación…
No hay comentarios:
Publicar un comentario